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Según señala la especialista de IMQ Amsa, Miren Barrutia

“La labor principal de los familiares y el entorno de un enfermo de cáncer es acompañarle durante el proceso, respetando en todo momento tanto el ritmo como los deseos de la persona, que es la protagonista. Transmitir al afectado o afectada que estamos ahí, que deseamos ayudar y que nos gustaría saber cómo hacerlo resulta fundamental. Y esto lo podemos hacer desde tres ámbitos principalmente: apoyo emocional, apoyo logístico y apoyo social”. Éste es uno de los puntos clave de la relación entre los entornos familiar y social y el paciente oncológico, tal y como señala Miren Barrutia, especialista en el tratamiento psicológico del cáncer de IMQ Amsa.
Según destaca, “Lo ideal, aunque en la práctica es difícil de conseguir, es la creación de una red de ayuda alrededor del paciente, entre familiares y amistades, con una buena comunicación, en la que hablar de las distintas necesidades que aparecen durante el proceso”. Esto es relevante puesto que “todos los pacientes no necesitan el mismo tipo de ayuda, ni en el mismo momento del proceso”.

La psicooncóloga de IMQ Amsa explica que “sentir apoyo emocional es necesario. Lo que ocurre es que al recibir el diagnóstico no siempre es fácil nombrar la palabra “cáncer” y hablar de emociones, y quizá hay que esperar a que llegue ese momento en el que la persona se sienta preparada. Lo que sí se puede es hablar de otras necesidades que van emergiendo según avanza el proceso y ciertas limitaciones que conllevan los tratamientos, a veces tan invasivos”.

Contar con el paciente

De esta forma, la propia persona con cáncer puede, de forma proactiva, “tomar decisiones y delegar las tareas en sus familiares (tal persona recoge a los niños, esta otra hace la compra, etcétera), liberando un poco al paciente, para que éste pueda centrarse en su proceso, u otras cosas fuera del proceso que quiera o deba priorizar”.

La psiconcóloga de IMQ Amsa advierte de que “es importante respetar que, cuando nos diagnostican una enfermedad que puede alterar en gran medida nuestro día a día, como es el cáncer, de alguna forma queremos y necesitamos seguir sintiendo que podemos hacer las cosas por nosotros mismos y que podemos seguir estando al mando de nuestra propia vida. De ahí la importancia de ayudar al paciente, contando siempre con el paciente”.

Descentralizar el cáncer

Miren Barrutia explica que durante el proceso oncológico “es muy sencillo que la enfermedad y todo lo que la rodea se convierta en el centro de la vida de la personas con cáncer y que parezca que el resto de cosas perdieran su sitio y su valor. Frente a ello, la clave puede estar en descentralizar el cáncer. Es decir, como amigo, amiga o familiar puedo ayudar a que el cáncer no sea el centro. El resto de cosas, como reírme un rato con las amigas, ir a un concierto con mi hermana, ir a ver el partido un sobrino, o un masaje y unas caricias con mi pareja; todas esas cosas que también pueden y deben tener su lugar, son las que realmente nos van a ayudar a afrontar el diagnóstico y el proceso, y son las que nos van a ayudar a superarlo”.

La experta destaca que “percibir las relaciones sociales que tengo y las actividades que hago como algo valioso para mí, hace que mi autoestima crezca; me hace sentir más fuerte y hace que tenga una sensación de control ante las amenazas que la vida nos plantea. Y el cáncer no deja de ser una amenaza más en nuestra vida”.

Ayudar a los que ayudan

El impacto y el sufrimiento que suele acompañar al cáncer, aunque lo padezca una sola persona, “alcanza inevitablemente a su entorno”. Y además, “pone a prueba las relaciones de pareja, familiares o de amistad. En muchos casos salen reforzadas y, en otros, acaban incluso por romperse”.

La situación es también nueva para los y las familiares: “no saben cómo ayudar, no saben si es mejor hablar de ello, o convertir la palabra ‘cáncer’ en una palabra innombrable, tienen que adaptarse a los horarios que la enfermedad marca, hay infinidad de cambios en el hogar, hacerse cargo de tareas que no hacían hasta ahora, no saben si acercarse a su pareja o si por el contrario deben mantenerse a distancia, etcétera. Y con todo eso aparece el miedo a sufrir y ver sufrir, la incertidumbre ante el proceso, el sentimiento de impotencia o de culpa por no estar enfermo y la ira o la tristeza por lo que está sucediendo”.

Los y las familiares tienen en ocasiones “la sensación de que tienen que estar ahí, como una roca, sin mostrar sus emociones y ofreciendo su mejor cara. Y esa contención, o negar las propias emociones dificulta un camino, a veces largo y agotador, del que además no conocen el desenlace”, indica la experta de IMQ Amsa.

Aquellos que acompañan a los y las pacientes en la enfermedad necesitan en ocasiones también apoyo y orientación en estas situaciones. Como psicooncóloga “siempre intento ofrecer su espacio a las parejas y a los familiares, porque también son importantes en el proceso, y porque van a saber cuidar mejor y más bonito cuando se sienten también cuidados, atendidos y reconocidos”, señala Miren Barrutia.

Uno de cada tres vascos fallece a causa del cáncer y cada año se diagnostican en Euskadi 13.500 nuevos casos.

Fuente: http://sanidadprivada.publicacionmedica.com