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Facebook dispone de una unidad de investigación que se dedica a ponderar algunos aspectos de tipo social o psicológico derivados de su propia actividad como espacio relacional. El grupo de análisis está liderado por David Ginsberg, como Director de Investigación, un graduado en Humanidades que ha trabajado para varias compañías tecnológicas de Silicon Valley. Hay que suponer que a Facebook le interesa que sus usuarios encuentren experiencias satisfactorias mientras emplean su plataforma, porque ésta será la manera de que sea utilizada con mayor frecuencia y durante más tiempo, base de su negocio publicitario. De hecho, Facebook es una plataforma mutante, que cambia su presentación y dinámica de uso cada cierto tiempo para mantener el interés en sus páginas. Hace pocos días se ha publicado un interesante artículo, firmado por el propio Ginsberg y por Moira Burke, psicóloga investigadora en Facebook, que venía a ser una especie de metaanálisis de otros artículos previos que intentaban responder a la pregunta de si utilizar redes sociales nos hace más infelices o justo lo contrario. Las conclusiones son ciertamente interesantes, y en todo caso es meritorio que este tipo de análisis se realicen con metodologías solventes, y tengan la suficiente transparencia y difusión como para contrastar sus hallazgos. Veamos cuáles son las conclusiones.

Dos tipos de usuarios.

En su artículo, Ginsberg y Burke comienzan por citar investigaciones que sugieren un efecto negativo para quienes utilizan habitualmente las redes sociales, especialmente en sus teléfonos móviles. La psicóloga Sherry Turkle afirma que los smartphones redefinen las relaciones modernas y generan un nuevo tipo de individuo más solitario, y su colega Jean Twenge ha publicado datos que sugieren incluso un aumento en la depresión de los adolescentes correlacionada con el uso de la tecnología personal. Pero con un criterio contrario, el sociólogo Claude Fischer sostiene que las afirmaciones de que la tecnología nos hace solitarios se basan en gran medida en hechos anecdóticos, que no ponderan adecuadamente el conjunto de sus beneficios. En el mismo sentido, el también sociólogo Keith Hampton sugiere que las personas pasan hoy en día más tiempo desarrollando relaciones interpersonales directas, y que los móviles son más utilizados precisamente por las personas más sociables.
Lo que parece determinado por los autores del estudio es que existen dos tipos de usuarios de Facebook. El primer grupo lo componen los que muestran actitudes más pasivas, leyendo pero no interactuando con otras personas. Estos sí pueden presentar mayores niveles de frustración y disconfort. Aunque las causas no están bien determinadas, los investigadores plantean la hipótesis de que sólo leer lo que otros publican podría llevar a una comparación social negativa, puesto que las publicaciones que se emiten hacia las redes sociales -fotografías, experiencias- tienen ya un sesgo en origen, y se corresponden con las mejores vivencias y estados de ánimo de quienes lo publican. De esa manera, contemplar arquetipos tan ficticiamente sobrevalorados hace que el observador pasivo experimente una sensación incómoda o se minusvalore a sí mismo en comparación con lo que ve.
Pero existe otro tipo de usuario de perfil activo, especialmente ávido para compartir mensajes, publicaciones y comentarios con amigos cercanos, y con memoria suficiente como para recordar las interacciones pasadas. Este tipo de perfiles sí parecen referir mejoras en el bienestar que experimentan mientras deambulan por Facebook. Realmente la posibilidad de mantenernos en contacto con familiares, compañeros de clase y colegas es lo que a muchos les motivó para abrirse una cuenta de Facebook, y no es sorprendente que precisamente estar en contacto con ese tipo de allegados genere cierta satisfacción y fortalezca el sentido de comunidad.
Para reafirmar esta hipótesis, los autores afirman que las personas que enviaban o recibían más mensajes, comentarios y publicaciones experimentaban también mejoras en su nivel de sociabilidad, presentaban menores rasgos de depresión y referían escasa tendencia a la soledad. Los efectos positivos fueron aún más fuertes cuando las personas interactuaban en la red con amigos especialmente cercanos.

La solución para la frustración por usar Facebook consiste en… usar más Facebook.

Facebook afirma estar trabajando para que el uso de la red no sustituya la interacción social presencial, incluso aunque ésta detraiga tiempo de aquella. Mark Zuckerberg, su CEO, afirmó que «queremos que el tiempo que la gente pasa en Facebook fomente interacciones sociales significativas». Facebook lleva ya un tiempo haciendo cosas como recordar los cumpleaños de los amigos o mostrar recuerdos de actividades que tuvieron lugar tiempo atrás, como una manera de acrecentar esas relaciones amistosas. Así mismo, promueve la creación de ciertas comunidades de interés social, con propósitos como recaudar fondos de apoyo a determinadas necesidades o grupos de autoayuda de pacientes.
Además de eso, afirman que un uso más activo y cualificado de la red es lo que hace mejorar la posibilidad de obtener experiencias psicológicamente gratificantes, o al menos suficientemente positivas. En esta perspectiva, creen que además han puesto en marcha una serie de iniciativas para mejorar la experiencia de interrelación de la plataforma con sus usuarios. Entre ellas están las siguientes:
Mejora en la calidad de las noticias publicadas. Y con ello, brindar más oportunidades para establecer interacciones significativas y reducir el consumo pasivo de contenido de baja calidad. Además, han modificado los algoritmos que presentan las noticias para que las publicaciones de los amigos más cercanos tengan más probabilidades de aparecer de forma preferencial.
Función “Posponer”, que permite ocultar determinados perfiles durante un periodo determinado, y así focalizar el tiempo y la atención en aquellos otros que resulten más gratificantes.
Función “Tómese un descanso”, que se activa en relación a las ex-parejas, asumiendo que es bueno limitar esos contactos justo en la época posterior a la ruptura, para hacer más llevadera la recuperación emocional.
Herramientas de prevención del suicidio, mediante sistemas de inteligencia artificial que detectan posibles mensajes suicidas incluso antes de que sean reportados directamente.
No sólo Facebook: muchas otras redes sociales están buscando la manera de que no se les considere un perjuicio para la conducta, y que su utilización no derive en menores capacidades para establecer relaciones interpersonales. Las tendencias más recientes apuntan a que, efectivamente, los usuarios buscan ser más selectivos en la difusión de sus contenidos (a través de la creación de grupos de mayor afinidad), y también a que sus publicaciones sean más efímeras, como las que últimamente se pueden mostrar a través de plataformas como Instagram, Whatsapp o Snapchat. Se trata de un espacio en permanente cambio, mucho más del que se percibe cotidianamente, y que sin duda está afectando a la manera en la que se produce la socialización de una parte mayoritaria de la humanidad.

fuente: https://www.univadis.es